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Centro Poblado

Georgina Ortiz

EL ENCUENTRO DE LOS
DIÁLOGOS
IMPROBABLES

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En el Centro Poblado Georgina Ortiz el mundo parece otro. Acá las casas no son solamente lo que pasa de puertas para adentro. Las paredes parecen hablar entre ellas y las puertas están siempre abiertas; no solo por los 28º grados de temperatura que calientan los techos de plástico sino porque hay mucho por compartir. En los caminitos de tierra naranja por donde transitan los hombres y mujeres que hace cinco años decidieron cambiar las armas por la palabra, lo comunitario cobra un sentido práctico, palpable, que se ve y se toca. Aquí todo es de todos y de todas: los sueños, la tierra, la comida, el trabajo, la democracia y la paz.

 

Sin embargo, estas paredes que ahora parecen estar vivas gracias a los colores que las visten y las historias que soportan, no siempre estuvieron ahí. En enero de 2017, después de la firma de los Acuerdos de Paz, 360 exguerrilleros y exguerrilleras provenientes de los frentes 27, 43, Camilo Torres y la compañía Mariana Páez, del Bloque Oriental, llegaron a la vereda La Cooperativa, Meta, con el sueño y la promesa de convertirse en las y los próximos constructores de una nueva Colombia y retornar a la vida civil.

 

Al llegar los recibió un terreno pastoso desolado y meses de trabajo duro por delante: “Cuando llegamos acá esto solo era un potrero, no se había construido todavía. Duramos viviendo cinco meses en los alrededores de la zona en las mismas condiciones en las que llegamos. Luego entramos a ayudar a construir la zona entre todos y todas. Las paredes eran totalmente grises, blancas y la lluvia lo único que hacía era complementar un panorama artístico con barro” cuenta, Alejandro Petión, habitante del Centro Poblado Georgina Ortiz y líder juvenil. 

 

Aquí, al pie de la selva oriental, a unos 318 km de Bogotá y 204 km de Villavicencio, edificaron las primeras casas que fueron su punto de partida para construir el presente y trabajar por un futuro soñado. Ahora, son 143 familias con 50 niños y niñas y 185 personas en proceso de reincorporación que continúan apostándole a una vida digna y solidaria.  

 

A pesar del incumplimiento de los Acuerdos de Paz y el continuo asesinato de exguerrilleros y exguerrileras, que hoy llega a la lamentable cifra de 299, en el Centro Poblado Georgina Ortiz el sentido colectivo sostiene la vida y la paz sigue siendo el único camino. Es así como a través de los años este pedacito de tierra ubicado en Vista Hermosa, el municipio que, antes de 2016, fue declarado como el lugar con más víctimas de minas antipersonales del país y donde la abundancia de la coca y el horror de la guerra encontraron refugio, se ha ido convirtiendo en un espacio de resistencia, resiliencia y reconciliación. Aquí, la paz, la justicia social y la democracia se han ido abriendo camino por las trochas y las casitas que atraviesan los kilómetros de selva y llanura. 

 
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Hoy, gracias al trabajo incansable de la comunidad en proceso de reincorporación y de las comunidades aledañas, son muchas las semillas y las flores. Una de ellas es la conformación y legalización de la Junta de Acción Comunal del Centro Poblado Gegorgina Ortiz, una de las pocas JAC en el país conformadas por firmantes del Acuerdo de Paz. Por otro lado, está la creación y el fortalecimiento de diferentes proyectos productivos colectivos que tiene como objetivo aportar al fortalecimiento socioeconómico de la región y la reconstrucción del tejido social. Entre ellos están SachaPaz, un proyecto de transformación y comercialización de Sacha Inchi; Oriente verde, una apuesta de ecoturismo comunitario y de memoria histórica; Comunicaciones Georgina, una iniciativa de comunicación comunitaria, alternativa y para la paz e Hilos de Paz, una marca de ropa de la Asociación de Mujeres Emprendedoras por la Paz, que busca aportar a la independencia económica de las mujeres y el sostenimiento del centro de cuidado infantil, entre otros proyectos. 

 

El color y las artes se han convertido en unos de sus mejores aliados durante este camino lleno de esperanza. Están convencidos y convencidas que a través de la cultura y las expresiones artísticas pueden narrar al mundo quiénes son y qué están haciendo desde su territorio para recuperar el campo como escenario de paz. Es por esto que desde el 2019 han venido desarrollando festivales de muralismo con los objetivos de disminuir la brecha entre el campo y la ciudad, combatir la estigmatización, apropiarse de su espacio y volver a creer en una vida por fuera de la guerra. El primero fue el festival “Georgina Ortiz se viste de paz y reconciliación ambiental a través del arte y la cultura”, luego, en noviembre de 2020, se realizó la  I Semana Cultural  “Georgina Ortiz Sembrando el Futuro por la Paz, el Diálogo y la Reconciliación” y por último, en diciembre del 2021, tuvo lugar el Tercer festival Georgina Ortiz: Mujeres GuaPaz: 

“Uno de los mensajes, desde mi punto de vista, que les queremos transmitir con estos festivales es que nosotros los exguerrilleros y exguerrilleras es que no somos ningunos terroristas o animales como muchos nos pintaban, sino que somos personas que tenemos sentimientos, tenemos muchos saberes que quisiéramos transmitir a los demás. Una forma de hacernos escuchar sin necesidad de estar por allá en el monte es por medio del mural y desde aquí mostrarle a la comunidad que nosotros si queremos continuar, que estamos aportándole al proceso y que estamos muy comprometidos con la paz”, cuenta Natalia Rivera, lideresa juvenil del espacio de reincorporación.

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Este es el Centro Poblado Georgina Ortiz. Un lugar de nuevos amaneceres y segundas oportunidades, donde las dificultades que caracterizan al campo colombiano heredero de heridas de la guerra se encuentran de frente con la berraquera y la dignidad que le pertenece a quienes lo habitan. Es una tierra de semillas y sembradores/as que, con las lecciones de lo que fue y los anhelos de lo que será, construyen, sienten y piensan con otros y otras, para seguir avanzando con paso colectivo, encendido y convencido por el presente y hacia el futuro que se merecen los/las de hoy y los/las que vendrán.

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